Palabras
despiertas
A Javier Tinajero
“I
only feel myself living… where I find nothing of my consicious thought, where
my imagination is excited by feeling itself plunged into the depths of the
non-self”.
Marcel
Proust[1]
No
hablamos con el lenguaje sino en el lenguaje; el despertar, opuesto a la noción
de un Yo que ha de obtener una verdad unificadora, la cual resulta en un orden
represivo al cual atenerse, estaría más bien alineado con la perdida de esa
noción de Yo y con ello la pérdida de la noción de progreso. La historia ya no
sería esta narrativa rígida y objetiva construida por hechos inamovibles, sino
más bien un montaje: parataxis antes que sintaxis, un espacio de experiencia presto al juego;
juego que va de salvar la fugacidad antes que deificar los conceptos.
La
modernidad, la historia, etc. ya no son presentados como verdades por
aprehender, sino espacios a experimentar. Las manifestaciones artísticas, la
ficción literaria ya no es presentada como un mero divertimento frente al
rigorismo científico, descubrir la realidad o crearla, en su presente,
pareciera ser una distinción que depende, como quien camina sobre el filo de la
navaja, de la manera en que nos relacionamos con toda la herencia del pasado en
la memoria, si este ha sido deificado en el “hecho”, o bien, recorriendo el
montaje con una mirada a contrapelo otorgando una nueva luz y movilidad, en
donde el despertar estético es causa del despertar político. Mirada que no va
hacia “una forma subsumidora, impuesta
desde arriba”[2],
sino hacia el detalle y las posibilidades constelares que ahí se experimentan,
ahí la posibilidad de dislocadura frente a un orden establecido, orden que no
es más que la deificación ad nauseam.
“Entre las ideas enquistadas que la
conciencia general guarda como una posesión y que la obstinación de Proust, la de un niño que no se deja
enredar, destruye, quizá la más importante sea la de la unidad y totalidad de
la persona. …él presenta al yo empírico pleno la factura de su no identidad”[3].
Era la fugacidad, lo transitorio, lo contingente lo que Baudelaire denominaba
moderno, heracliteanamente devenir; el
artista para él, el poeta que se aleja de la tradición, representa el
movimiento lingüístico liberador de las formas anquilosadas y cerradas del
lenguaje, ergo de la conciencia, rompiendo con las trabas caducas que nos
mantienen confortablemente adormecidos. La poiesis del arte, de la literatura, desencanta
el marco rígido de los conceptos. Si señalamos al comienzo aquella noción Benjaminiana
respecto a como no hablamos con el lenguaje, sino en el lenguaje, despertar
significa el cruce que va de ese pasado que nos silencia al otorgarnos la
identificación con un rígido Yo obcecado en querer reducir todo a sus
categorías, persiguiendo el fantasma de una verdad absoluta, objetiva, el
progreso como un gato persiguiendo su propia cola en círculos, al momento de la
renovación, en donde libres de ese Yo, habla la experiencia fugaz que nos
expresa radicalmente diferentes, radicalmente cambiantes. Es así como la herencia del conocimiento deja
de estar “en la espalda de la humanidad…” [4] That’s how “Words
are Buddhas”[5],
diría Jack
Kerouac; “Languaje withour soil”[6].
La
muerte es un ave que retienes en tu garganta
mientras
otras aves vienen y van
mientras
tejes la ilusión de eso que llamas vida
ese
mito cruel donde piensas que existes.
Existo,
luego contemplo el atardecer
contemplo,
luego pienso que muero
muero
para que el lenguaje en el que hablamos pueda cantar.
Entre
una teología materialista y una ateología religiosa habría de diluirse la
noción del Yo vía la pérdida del sí mismo en un paisaje que aparece como
encantado, renovado, “…todas las calles
descienden… hasta un pasado que puede ser tanto más fascinante cuanto que no es
su propio pasado privado”[7],
La historia, es ese “paisaje formado de
pura vida”[8].
Habría
que perderse entre la multitud y sus calles, entre libros y rostros, como quien
se pierde en la ensoñación. O en la experiencia del hachis agregaría Benjamin,
o en la imaginación de la contemplación estética/literaria siguiendo a Proust.
Solo entonces la verdad “…se hace algo
viviente, sólo vive en el ritmo en el que la frase y la contrafase se desplazan
para pensarse”[9]. Verdad
tal vez como ese grado de despertar a una vivaz presencia que se torna en
territorio sagrado, “…de repente un
tejado, un reflejo del sol sobre una piedra, el olor de un camino hacían que me
detuviera por el puro placer que me daban y también porque parecían ocultar más
allá de lo que yo veía, algo que me invitaban a venir a coger y que a pesar de
mis esfuerzos no lograba descubrir”[10].
La
obra literaria, no es ya entendida aquí como la vanidad del Yo buscando la
atención de un lector, sino como testimonio de tal experiencia de disolución
del Yo y mera presencia vital, testimonio en donde el texto, o las notas o
trazos se enfrentan a un contenido intransmisible[11],
testimonio que por tanto no es tanto un mensaje sino un enigma, una tensión
entre misterio y revelación. La obra envuelve, oculta[12],
como una vasija que contiene un simbolizante vacío de significado, vacío no
como ausencia sino como infinita posibilidad de mutación; ausencia sí de
conceptos fijos, deificados. “If you depict a bird, give it space to fly”[13].
Ocurre,
tangencialmente, que el lector o espectador adecuado, como un traductor que
responde a la exigencia de traductibilidad de la obra, se dirige, desde su
propia experiencia, hacia dicha obra transmutando el simbolizante vacío de la
vasija, el cual no ha de ser mirada directamente, “Light, invisible to my eyes”[14], en
un simbolizado concreto, y sin embargo fugaz: esto es mero movimiento
lingüístico-estético liberador de las formas anquilosadas del lenguaje ergo de
la conciencia, que luego sigue su propia trayectoria, es decir que a su vez,
permanece como simbolizante vacío. Esto es y esto sin perder de vista la
cualidad vacía de estas constelaciones de nuevos significantes, su cualidad
presente que es una cualidad fugaz, subjetiva. Despertar: “felicidad… una libertad frente
al objeto que da a éste más de lo suyo que si se lo integrase despiadadamente
en el orden de las ideas”[15].
Dicho
despertar estético no puede ser sino también político. Jamás político a la
manera de un arte ideológico como herramienta de un adoctrinamiento, de nuevo
ahí aparecen la noción rígida de verdad como régimen de opresión-obediencia. “Nuestro tiempo desconfía, creo que con
razón, del papel social de la literatura: baste recordar los estragos
provocados por el compromiso político, el realismo socialista o el frenesí
revolucionario. La literatura, es cierto, parece degradarse cuando persigue un
fin concreto, cuando soporta una ideología explícita. Porque cualquier
ideología es, de entrada, una forma excluyente de otras variedades de pensamiento.
En cambio, en su expresión más amplia, más libre, la ficción nos permite
ensanchar nuestra idea de lo humano. Con ella no sólo conocemos otras voces y
otras experiencias, sino que las sentimos tan vivas como si nos pertenecieran.
…la literatura nos hace humanos”[16].
Aquellos
trabajos teóricos o artísticos, que alteran la conciencia, nuestra forma de
percibir el mundo y por ende de experimentarlo, por extensión alteran la
sociedad[17].
Si el Ulises de Joyce es una obra revolucionaria nos dice Bolivar Echeverría[18]
no es porque en ella haya un mensaje pro-comunista, sino porque la obra “refuncionaliza en sentido democrático
la relación entre narrador y lector consagrada por la técnica narrativa
de los grandes novelistas del siglo XIX”[19].
Para Benjamin destruir la estructura social establecida, era violar las
esquematizaciones de su pensamiento desde un momento de reconstrucción en la
experiencia individual, siendo así, los mismos contenidos de dicha estructura
“rescatados”, “renovados”, “redimidos”, puestos en manos como posibilidad
revolucionara, un acto de apropiamiento, en constelaciones de significados
conectadas con la experiencia presente, logrando el instante lleno de posibilidades de
transformación opuesto a un poder hegemónico adormecedor.
O
para ser más concisos, un despertar estético es necesariamente político, en
tanto que cuando las cosas son vistas de distinta manera, las cosas cambian. Decía John Cage:“
I have tried in my work to free myself from my own head. I would hope that
people would take that opportunity to do like wise”[20].
Eduardo Medina Frias
Bibliografía
Adorno Th. W. “Notas
sobre literatura”. Ed. Akal. Madrid 2003.
Bass Jaquelynn. “Buddha Mind in Contemporary Art”. University
of California Press. Berlkey, L.A. London. 2004
Benjamin Walter.
“Ensayos escogidos”. Ed. Coyoacán. México 1999.
Benjamin Walter. “Libro
de los pasajes”. Ed. Akal. Madrid 2011
Benjamin Walter. “El
autor como productor”. Ed. Itaca. México 2004
Buck-Morss Susan.
“Walter Benjamin: Escritor Revolucionario”. Ed. Interzona. Buenos Aires 2005.
Nancy Jean-Luc. “The Ground of Image”. Fordham
University Press. N.Y. 2005
Richter Gerhard. “Languaje Without Soil”. University
Press. N.Y. 2010 (Apartado: Alexander García Düttmann: “Without Soil: A Figure
in Adorno’s Thought”).
[1] Marcel Proust. On Reading. Penguin 1994. p15. Citado en: Buddha Mind in
Contemporary Art. University of
California Press 2004. p.147
[2]
Th. W. Adorno. Pequeños comentarios sobre
Proust. Notas sobre literatura. Akal 2009. p.194
[3]
Ibid. p.197.
[4]
Walter Benjamin. Citado en: Susan Buck-Morss. Walter Benjamin. Escritor Revolucionario. Interzona 2005 p.17
[5]
Jack Kerouac. Iluminaciones. Muy bien, me
enferman / todas estas iluminaciones / esclarecimientos / enmudezco nuevamente
/ la mañana delicada, azul, / firmamento a través del árbol. Allen dice:
«Cuando las personas / se vuelven religiosas, / comienzan a alimentar / a todo
el mundo.» La humildad es beatitud / La generación beatífica. / Una roca es
como el espacio / porque ella no se mueve: / el espacio es como una roca /
porque está vacío. /Las palabras son Budas. Texto editado en Budas y otros poemas. Arquitrave
Colombia 2005 p.27 (Para fines de este trabajo entendemos la palabra Buda, en
su traducción literal del sánscrito como: ser despierto; traducción tomada de:
The Shambhala Dictionary of Buddhism and Zen.
Shambhala Press. Boston 1991).
[6] Alexander García Düttmann. Without Soil: A Figure in Adorno’s Thought.
University Press. N.Y. 2010
[7]
Walter Benjamin. Libro de los pasajes.
M1,2. Akal 2011
[8] Ibid. M1,4.
[10]
Marcel Proust. Citado por Benjamin. Ibid. M2a,1.
[11]
Walter Benjamin. La tarea del traductor.
En Ensayos escogidos. Ed. Coyoacán. 2008
[12] Ibid.
[13] Eleanor Rosch. If You Depict a Bird, Give It Space to Fly. On Mind, Meditation and
Art. En Buddha Mind in Contemporary
Art. University of California Press
2004. p.37
[14] Jean-Luc Nancy. The Ground of Image. Fordham University Press. p98.
[15] Th.
W. Adorno. Ensayo como forma. En
Notas sobre literatura. Akal 2009 p.31
[16] Jorge
Volpi. Yo soy una novela. Artículo
publicado en Nextos en línea: http://www.nexos.com.mx/?P=leerarticulo&Article=2099175
[17] TH. W. Adorno. Who’s Afraid of the Ivory Tower. En Languaje Without Soil. Adorno and Late
Philosophical Modernity. University
Press. N.Y. 2010
[18]
Bolivar Echeverría en su presentación a El
autor como productor, de Walter Benjamin. Itaca 2004.
[19]
Ibid.
[20] John Cage. Conversing with
Cage. Limelight Editions N.Y. 1994.
p215. Citado en: Buddha Mind in Contemporary Art. University of California Press 2004. p.67





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